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En 2015 MotoGP sufrió una crisis al no saber evitar que sus pilotos de marcas rivales pero nacionalidades iguales se aliaran para evitar que otro, de nacionalidad distinta, se coronara, y promulgaron cambios en el sistema de comisarios tras la presión pública insatisfecha con la parcialidad en contra de Valentino Rossi.
Para 2016 hay cambios importantes como el software que deben emplear con uniformidad, desarrollado por Marelli, y que ha dado problemas de adaptación a algunos equipos, especialmente a Honda y Suzuki. Pero esto queda en segundo plano porque la cuestión principal de 2016 es el arribo de Michelin ante la salida de Bridgestone del campeonato, quizás el cambio más dramático desde que llegaron las motos de cuatro tiempos en 2002. La Bridgestone frontal, cuyo agarre brutal determinaba la inclinación delantera de las motos en el diseño, cambió el centro de gravedad hacia el frente y el estilo de manejo enfatizando la ganancia máxima de tiempo al frenar. O sea, la entrada a las curvas era la clave.
Pero con la Michelin nueva, el énfasis se ha centrado en la salida de la curva, y la técnica cambia pues la llanta delantera no tiene tanto agarre y es inconstante en su piso de contacto en las curvas, especialmente en el ápice; su versión blanda causó muchos sustos y golpes en la pretemporada. Y ahora será obligatorio usar sensores de presión para evitar sustos con las Michelin nuevas.
Cambiar el estilo después de años de manejar las Bridgestone podría ser problemático y los centauros más nuevos se beneficiarían. El caso es que las motos niponas son las favoritas, pero Ducati cada vez está más cerca de retarlas. La puerta queda abierta para un campeonato muy peleado entre los centauros, por el título, a diferencia de 2015 que fue todo para Yamaha.