La culpa es de la Cayenne por haber iniciado todo hace unos 18 años. En aquel entonces la idea de una camioneta Porsche era inconcebible, absurda y temeraria. Propios y extraños pusimos el grito en el cielo, y en un acto de incredulidad que se replicó miles y quizá millones de veces, dijimos que la marca de Stuttgart había puesto un pie en la tumba tras semejante decisión… Qué equivocados estábamos.

Foto: Aston Martin

Al tiempo comenzaron a llegar más y más versiones y después de muy pocos años, la Cayenne no sólo cobró fama y popularidad, sino que se convirtió en el Porsche más vendido de la historia, donde se mantuvo sola en un nicho de mercado muy redituable, codeándose únicamente con rivales de BMW, Mercedes-Benz y VW. Tuvo que pasar bastante tiempo para que otras marcas de superlujo se animaran a sacar sus SUVs, motivados fuertemente por el éxito inusitado de Porsche. Así fueron llegando las camionetas de Jaguar, Bentley, Rolls-Royce y, ahora, Aston Martin (AM); una locura difícil de imaginar apenas unos años atrás.

Foto: Aston Martin

La DBX Concept existía desde hace casi un lustro, aunque muy poco tiene que ver con el modelo de producción. La DBX 2020 presume toda la esencia de los coupé ingleses pero en talla XL. De hecho, con 5 metros de largo, 2 de ancho y 1.7 de alto, la DBX es una camioneta grande.

Foto: Aston Martin

Lógicamente por dimensiones y arquitectura no comparte chasis con ningún ejemplar de la marca, y si bien no hay gran cantidad de detalles técnicos sobre éste, sabemos que delante tiene suspensión de triángulos dobles y un esquema multibrazo atrás. Los elementos están fabricados en aluminio y dispone de barras estabilizadoras activas, así como ajustes de dureza y altura variables, con un recorrido total de 95 mm. Tiene una altura libre al suelo de hasta 235 mm y una profundidad de vadeo de 500 mm.

Foto: Aston Martin

La carrocería también es de aluminio, además de otros “materiales compuestos” de los que AM no da mayores detalles. Aun así la báscula no se contiene mucho que digamos y llega a los 2,250 kg de peso; algo bastante normal dentro del segmento.

Foto: Aston Martin

Las formas son inequívocamente Aston, especialmente en la fascia frontal, parrilla y faros; la caída del toldo hacia atrás –muy al estilo de la también reciente Porsche Cayenne Coupé– y la parte más peculiar y polémica de todas, el spoiler trasero en forma de “cola de pato”, un detalle que no se encuentra en ninguna otra camioneta del mundo. Colaborando a la imagen agresiva y deportiva, la DBX calza ruedas de 22 pulgadas de serie, con llantas de pisada de 285 mm al frente y 325 mm monstruosos atrás.

Foto: Aston Martin

El interior destaca por la opulencia de sus formas y desde luego materiales y ensambles. Todo lo que tocan manos y brazos está forrado en materiales exquisitos e impolutos, y el lujo y la tecnología se combinan de forma única en sendas pantallas de definición alta. Una hace las veces de tablero digital y la otra funge como sistema de infotenimiento. Ambas, así como los botones y perillas que permiten operarlas, provienen directamente de Mercedes-Benz que, por cierto, es accionista en la marca inglesa. En materia de seguridad cuenta con un buen número de asistencias a la conducción, como reconocimiento de señales de tránsito, programador de velocidad activo, sistema de frenado automático de emergencia, alerta por abandono involuntario de carril, alerta por tránsito cruzado al dar marcha atrás o aviso de obstáculos en el punto ciego del retrovisor. Asimismo tiene un selector para elegir entre seis modos de manejo distintos, cuatro para el pavimento y dos para circular fuera de él.

Foto: Aston Martin

Bajo el cofre vive un V8 biturbo que, con “apenas” 4.0 litros, es capaz de entregar 550 caballos de potencia, suficientes para acelerar de 0 a 100 kph en apenas 4.5 segundos, al tiempo que consigue una velocidad máxima de 291 kph. Esta gran pieza de la ingeniería va acoplada a una caja automática de nueve cambios, y para frenar semejante misil, AM echó mano de un sistema imbatible que incluye discos de 410 mm con calipers de seis pistones.

Foto: Aston Martin

La DBX se fabrica en St. Athan, Gales, Reino Unido. Sobre esta planta, Aston Martin dice que será “el hogar de la electrificación cuando los modelos completamente eléctricos de la marca entren en producción”. Los planes para fabricar ejemplares eléctricos a partir de 2023 los dio a conocer con la presentación del Lagonda Vision Concept. Sin duda un futuro brillante para una de las marcas de autos más emblemáticas del orbe.

VÍCTOR ORTIZ