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Aparecen cada 10 o 15 años. Se van entregando la posta para que siempre exista un gran ídolo, un talento superlativo en Fórmula 1. En los años 50, Juan Manuel Fangio marcó a fuego su clase de piloto fuera de serie, aún con grandes rivales, como Ascari, Farina, José Froilán González, Moss, Collins y Hawthorn, entre otros.
En los 60 fue Jim Clark el conductor, a pesar de que grandes nombres, como Graham Hill, Jack Brabham, John Surtees, Bruce McLaren, lo enfrentaban.
Un caso muy particular resultaron los años 70, en los cuales brillaron varios pilotos de gran talla pero cuesta elegir un solo nombre, lo que sobraba era talento. Así, se lucieron Jackie Stewart, Emerson Fittipaldi, Niki Lauda, James Hunt, Mario Andretti, y muchos más, aún sin sacarse grandes ventajas entre ellos. La Fórmula 1 era un lujo.
Nombres rutilantes, que quedaron grabados en la historia de la categoría, surgieron en los 80. Piquet, Prost y Senna brillaron con luz propia y fulgurante, aunque el brasileño quedó en el libro de oro como uno de los mejores de todos los tiempos, tal vez el mejor.
Senna y Prost siguieron ganando en los 90, a pesar de que surgió otro fuera de serie que pronto iba a romper todos los récords, Michael Schumacher. Entre los tres iban a ganar la mitad de los títulos de esa década.
En los años 2000, Michael Schumacher escribió en oro su nombre. Demolió a sus adversarios, consiguió cinco de sus siete coronas y fue el referente de la Fórmula 1. En esos años aparecieron sus sucesores, Alonso, Raikkonen y Hamilton, mientras asomaba con una tempranera victoria en un equipo modesto otra estrella, Sebastian Vettel.
El presente era de ellos, todos ganaron títulos, algunos repitieron en la década actual, que arrancó con un dominio asombroso de Vettel y sus cuatro campeonatos consecutivos entre 2010 y 2013. Ninguno esperaba que otro nombre estallara en la Fórmula 1. Menos que la nueva figura tenga sólo 18 años.
Amigos, ha comenzado la era de Max Verstappen. Este joven holandés debutó a los 17 en la categoría, acostumbró a todos a verlo entre los 10 mejores, manejando un Toro Rosso; se involucró en un polémico cambio de pilotos con el ruso Kvyat, llegó a Red Bull y ganó, sí, ganó su primer Gran Premio de Fórmula 1 en España, aprovechando el desastre de Mercedes y manteniendo a raya a Ferrari, manejando como si tuviera 10 temporadas encima y aguantando el consumo de sus gomas, que duraron 32 vueltas en la corrida final de carrera. Increíble.
Es cierto que todavía le falta mucho por aprender a Verstappen. Deberá cometer errores que le enseñen las materias que le faltan, ganará y perderá, según el rendimiento de su auto, tendrá que elegir bien el equipo que lo lleve al título que tiene entre ceja y ceja.
También es cierto que ya mostró, en un puñado de carreras, que tiene lo que todo gran campeón precisa, talento, control de la situación, claridad para leer la carrera, espíritu ganador y tantas cosas más.
Bienvenido Max al mundo de los grandes campeones, aunque recién haya ganado sólo un Gran Premio. Estoy seguro de que vendrán muchos más. La Fórmula 1 lo necesitaba.