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“Fineza. Su precisión y sensibilidad eran fantásticas. Un día como si estuviera hecho para él”, dijo David Yorke, afamado director administrativo del equipo de JW Automotive/Gulf, acerca de la forma en que Pedro Rodríguez condujo el BOAC 1000km 1970 en Brands Hatch.

Incluso fuera de la F1, ha habido muchas actuaciones que se pueden considerar las más finas en lluvia de todos los tiempos. La forma en que dominó Stirling Moss en el Trofeo de Turismos Drundod en 1950 y la carrera de 1956 del Daily Herald International Sports Car en Oulton Park, JJ Lehto en Le Mans en 1995, la victoria dramática de Mark Blundell en CART Indycar en Portland 1997, y tanto Allan McNish como Tom Kristensen en Le Mans 2008. Pero ninguno es tan legendario como la obra maestra de Rodríguez.

Aunque el Porsche 917 pasaría a dominar el Campeonato Internacional de Marcas, como se conocía al equivalente del Campeonato Mundial de Resistencia, aún no estaba claro cuándo llegarían los equipos a la tercera ronda. Porsche y Ferrari habían ganado una ronda cada uno y el 512S italiano calificó uno-dos (en seco), cortesía de Chris Amon y Jacky Ickx.

El Salzburgo-917 de Vic Elford completó la primera fila, pero Pedro se alineó solamente séptimo en su versión JWA. En condiciones descritas como “realmente diabólicas”, por la tormenta, Elford tomó la delantera al comienzo. Entonces, Barrie Smith chocó su Lola en la recta, causando una bandera amarilla. Rodríguez, que más tarde afirmó no haber visto las banderas, rebasó a los coches justo en frente del jefe de oficiales Nick Syrett, haciéndose acreedor a una bandera negra.

Después de una vuelta rápida, Pedro volvió después de haber perdido casi una vuelta, y comenzó su carga. Al final de la séptima vuelta era quinto, y se subió aún más cuando Ickx, que se había puesto a la cabeza de Elford, se fue a los fosos por problemas con el limpiaparabrisas. Al parecer, la combinación de su propia habilidad de manejar en lluvia y la molestia por su penalización -que siempre consideró injusta- llevó a Rodríguez a un nivel completamente distinto.

“El incidente de la bandera negra había hecho a Rodríguez conducir a la máxima potencia. Estaba desafiando la pista traicionera, la mala visibilidad y el tráfico problemático con una increíble brillantez” dijo Nigel Roebuck, un espectador de ese día, que más tarde escribió: “Sólo en raras ocasiones te das cuenta cuando una leyenda pasa frente a tus ojos”.

Pedro pasó a su compañero de equipo, Jo Siffert, Amon y Elfrbd con movimientos audaces hacia la curva de Paddock y luego perdió en la distancia, con un  baile y patinaje brillante del 917K en la pista. El desafío de Ferrari se derrumbó al seguir Ickx  experimentando problemas con su limpiaparabrisas y Amon tuvo que cambiar un neumático pinchado después de un contacto con un rezagado.

Rodríguez seguía alargando su ventaja y después de tres horas y media de haber construido una ventaja de dos vueltas, el mexicano finalmente entregó el auto a Leo Kinnunen. Pero la conducción del finlandés se mantuvo al mínimo antes de que Rodríguez volviera a bordo. A medida que la pista se secó, Ickx, emparejó el ritmo de Rodríguez, pero la ventaja general del Porsche siguió creciendo. Después de 6h45m de la carrera, y alrededor de 5h30m con Pedro al volante, el Porsche #10 cruzó la línea de cinco vueltas adelante de su similar 917K de Elford/Denny Hulme.

 En la película de final de temporada, Un año para recordar, John Wyer, jefe de JWA, dijo: “Fue una actuación virtuosa. Ese día, en esas condiciones Pedro era completamente insuperable”. La reputación del 917 también se agregó a la leyenda, que había sido una especie de animal cuando apareció por primera vez en 1969. Pero Elford señala que la versión corta -K por Kurz que significa “corto” en alemán – renovada había convertido el Porsche de 4,5 litros en una joya. “Si había alguna duda acerca de la 917, Pedro y yo respondimos la pregunta,” dijo Elford. “No fue un monstruo en lo absoluto”.

La gente tenía una mala impresión del 917, el cola corta era un coche fantástico; estaba balanceado e inspiraba confianza. Sus límites eran tan altos que la mayoría de los pilotos no los podían alcanzar”. Pero Pedro pudo. Su manejo del icono de 550 caballos en ese día del diluvio en Kent sigue siendo un ejemplo sobresaliente del arte de la maestría en lluvia.