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Foto: Fórmula E

Hasta el 24 de junio pasado, Arabia Saudita era el único país donde las mujeres tenían prohibido obtener una licencia de conducir y manejar un automóvil. Ese mismo día en el Circuito de Paul Ricard, Aseel Al Hamad, una ingeniera y diseñadora saudí y primera mujer en ordenar un Ferrari en su país, se subió al Lotus Renault E20 para conmemorar el hito histórico al volante de un F1 durante el GP de Francia.

La iniciativa para permitir que las mujeres puedan manejar fue presentada por el príncipe heredero Mohamed bin Salmán –el mismo que supuestamente ordenó el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en la embajada saudí en Turquía hace unos meses– con la intención de mostrar que Arabia Saudita está dejando atrás su cultura patriarcal. Dicha propuesta fue apoyada por varias marcas automotrices y los organizadores del GP eléctrico de Fórmula E, quienes decidieron hacer partícipes a las féminas en el día de pruebas después de la primera carrera de la temporada en la capital, Riad.

El 16 de diciembre Tatiana Calderón, pilota de pruebas de Sauber F1, corrió en el DS Techeetah; Katherine Legge, quien es parte de la I-PACE eTROPHY, estuvo con Mahindra; Simona de Silvestro, volante de los súper autos de Australia, con el equipo Venturi; Carmen Jordá, ex pilota de desarrollo de Lotus F1, probó el Nissan e.dams; Jamie Chadwick, ganadora en la F3 británica, pilotó el NIO; Amna Al Qubaisi, quien participa en la F4, se subió al Envision Virgin Racing; Beitske Visser, la holandesa que corre en la GT4, representó a BMWi Andretti Motorsport; Pippa Mann, participante de la Indy 500, corrió para Dragon; y Carrie Schreiner, quien tomó el lugar de Sophia Floersch luego de su accidente, participó con HWA.

Sin embargo, las cosas no son tan rosas como las pintan. El año pasado se les permitió a las mujeres saudíes emprender su negocio propio y ahora tramitar su licencia de conducir, pero todavía existen situaciones en las cuales necesitan del consentimiento de un hombre. Si una saudí quiere abrir una cuenta bancaria, solicitar un pasaporte, inscribirse a la escuela, aplicar para un empleo, ser atendida en un hospital e incluso caminar por la calle, requieren de la aprobación de su guardián, que puede ser su padre, esposo, hermano o hijo.

Sin duda el cambio se empieza por algo, pero me parece hipócrita que Arabia Saudita quiera parecer un país que se está reformando y que da más apoyo a las mujeres, cuando meses antes de que se diera el anuncio encarcelaron a algunas activistas que lucharon porque se les permitiera conducir, bajo el argumento de que atentaron contra el reino. Resulta impresionante que quieran aparentar algo que todavía no son.

María Navarro Morales