Compartir

Durante la era Ecclestone el juego de la F1 fue un balanceo cuidado entre oferta y demanda, pero llegó Liberty y las cosas se modificaron en muchos aspectos; aunque ninguno ha sido tan significativo como el acuerdo para traer un GP a Miami, que replantea el paradigma existente  en la categoría máxima como explica NUESTRO EDITOR DE F1

El sistema Bernie

Bernie Ecclestone tuvo como meta perenne sacar el máximo a los promotores de un GP, dejándolos sin las hospistalidades (Paddock Club), los anuncios en pista y los derechos de televisión, además pagando un monto variable según el país por el derecho de sanción del GP. Bernie firmaba contratos de tres a cinco años de duración –a través de Formula One Management (FOM)– con una cláusula incrementalista en el precio, por lo que él siempre ganaba. Los GP se mantenían como eventos únicos, generalmente sin competencia en la misma zona geográfica y los boletos aumentaban de precio cada año, pues el promotor sólo podía depender de ese ingreso para pagarle a Bernie. Si decidía no pagar, Mr. E. siempre tenía uno o dos países dispuestos a entrar al calendario. De la bolsa de los ingresos, Bernie les dejaba 53% a los equipos, con lo que financiaban sus gastos en gran medida y se mantenían calladitos trabajando en pro del espectáculo.

El número de GPs afecta el lado de la oferta, ya que el calendario más grande ha sido de 21 carreras; si quieres 25 tienes que convencer a los equipos. Luego se diluye el atractivo para el resto de los que operan un GP, pues cada vez eres menos “único”. Esto sin contar que esa cifra implica que cada quincena habrá una carrera de F1 en promedio, lo cual se traducirá –por los meses muertos de diciembre enero y febrero– en apretujamiento del calendario, mayor desgaste del personal y menor espacio de cobertura. Los fines de semana consecutivos se multiplicarán como en 2018 que tenemos tres fechas en semanas seguidas: Francia Austria y GB.

La era Liberty

Llegó Liberty y entre sus ideas iniciales destacan tres: hacer 25 eventos como el Supertazón en un año, buscar más interacción a través de las redes con los aficionados nuevos y meterse más a EUA. Muy interesante, pero todo tiene bemoles…

La interacción está muy bien, pero cuando ya empiezan a explorar vaciladas que pervierten el juego parejo, como imitar el “fan boost” de la Fórmula E, para que la gente participe, eso es ir demasiado lejos. Lo que atrae a la gente es competencia, no procesiones como la de Mónaco. Queremos acción en pista, no rebases artificiales con un alerón mayor para que tenga más DRS. Quizás los pilotos podrían aportar pero no les preguntan; ellos son choferes a sueldo (muy alto) y se prefiere organizar encuestas masivas para que la gente, o sea el monstruo de mil cabezas, diga qué es lo que quiere.

Por cierto, dos de los pilotos más populares, Vettel y Raikkonen no tienen ni quieren redes sociales y eso no los afecta, pero ambos son campeones y derraman su esfuerzo en la pista. ¿No es un indicativo?

La racionalización detrás de abrir el mercado gringo es que en EUA viven tantas personas como en Europa, donde hay nueve fechas y se exploran Dinamarca y Holanda en el futuro cercano. Claro que son países distintos y EUA es uno por más que esté dividido. Hay zonas de interés como el noreste (donde Watkins Glen fue sede dos décadas), California (ditto con Long Beach), Florida (Daytona y Sebring como bastiones), Indianápolis en el centro (que tuvo un GP, pero lo perdió) y ahora Texas. Se exploran NY, San Francisco y Las Vegas como sedes posibles, pero la primera que se enganchó fue Miami.

Lee el artículo completo en tu revista FASTmag de julio. Descárgala gratis en nuestro sitio o adquiérela en Sanborns.