Parece que ningún modelo alemán se ha salvado de la reestructuración en las nomenclaturas que tan de moda se ha puesto últimamente. Mercedes no es la excepción y ha cambiado muchos nombres, especialmente en sus camionetas. Prueba de ello es este nuevo Clase GLS, que no es otra cosa sino un renovado GL, aquél que fuera lanzado al mercado en 2012.

El “nuevo” GLS emplea el mismo bastidor y la misma gama de motorizaciones en general, sólo que con algunas mejoras que intentan reducir consumos y emisiones, de acuerdo a lo que dice la marca. Comenzará a llegar a los concesionarios en la primavera del año que viene, y lo hará con varios niveles de equipamiento y potencia: GLS 400, con motor V6 de 3.0 litros y 333 HP; GLS 500, con motor V8 de 4.7 litros y 455 caballos; y GLS 63 AMG (como el de las imágenes) con motor V8 de 5.5 litros y casi 600 HP. En todos los casos los motores son de inyección directa y están sobrealimentados por turbocompresor, y todos tienen tracción integral 4Matic. Las primeras dos versiones estrenan transmisión automática de 9 velocidades, mientras la AMG conserva la caja Speedshift de 7 cambios que utilizaba la gama con anterioridad.

Como es habitual en las marcas premium de origen alemán, las posibilidades de equipamiento y personalización serán considerables; una ventaja para unos, aunque dolor de cabeza para otros. Con 5.13 metros de longitud, el GLS tiene tres filas de asientos y una capacidad de carga en la cajuela que puede superar los 2,300 litros, si se abaten los respaldos de las dos filas posteriores.

Si bien el GLS no es un vehículo pensado para rodar lejos del pavimento –para eso está el Clase G–, opcionalmente se podrá ordenar un paquete denominado “Off-Road Engineering Package” que incluye caja reductora, diferencial central bloqueable, y suspensión neumática de altura variable con la que podrá hacer vadeo de hasta 60 cm.

VÍCTOR ORTIZ