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Niki Lauda siempre fue como quería ser, sincero hasta el dolor de la verdad, rápido y preciso como nadie y dotado de buenos instintos para triunfar. Aquí lo recuerdan NUESTROS EDITORES.

CARÁCTER

Lauda era corto de palabras, pero largo en el efecto de las mismas. Si algo no le parecía lo decía y no buscaba la forma de suavizarlo, pues la verdad, por incómoda que sea, no deja de ser verdad. Llegó a una Fórmula Uno en la que los pilotos morían en proporción alta cada año y siempre estuvo del lado de la seguridad, hasta cierto punto. No era campeón de un auto 100% seguro porque sabemos que no existe tal cosa, simplemente buscaba minimizar el riesgo para los pilotos atacando todos los factores que lo provocan.

Fuera de las pistas hay que recordar el accidente de Lauda Air en mayo de 1991 que costó la vida de 223 personas cuando el empuje de un motor se revirtió por error y precipitó el Boeing 757-300ER a tierra en Tailandia; Boeing insistió que eso no podía pasar y si pasaba se podía salvar. Lauda, como piloto certificado, se metió al simulador a intentarlo durante incontables sesiones y nunca pudo salvar el avión pese a toda su pericia. Niki retó a Boeing a que pusieran un avión con sus dos mejores pilotos para que lo acompañaran e hicieran un vuelo en que la reversión sucediera inopinadamente en algún momento del viaje; dijo que si creían que se podía salvar, ellos lo harían y estaba dispuesto a jugarse la vida. Boeing finalmente aceptó que si eso pasaba el accidente era inevitable e instaló controles mecánicos para prevenir que la reversión sucediera por error. Con ello Niki salvó el prestigio de su aerolínea y las vidas de muchos más usuarios de Boeing. En sus compras siguientes de aviones optó por Airbus.

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TEMPLE DE HÉROE

Muchos recuerdan que sobrevivió a las llamas de Nürburgring 1976 y a los 40 días estaba de regreso en la cabina conduciendo su Ferrari en Monza para lograr puntos y defender su campeonato. Eso marca su temple, su resistencia al dolor y su entereza; muchos valientes miraron a otro lado horrorizados cuando se quitó el casco y vieron que estaba bañado en sangre por las heridas reabiertas sin emitir una queja. Era del tipo de los héroes antiguos que no se quejan.

Sin embargo, su mayor acto de valentía no fue ese, sino el de unas semanas después en el cierre de temporada en Japón. Sabía que el título estaba en juego y que Hunt necesitaba quedar en el podio para quitárselo. No obstante, la lluvia aumentaba el peligro en la pista y él, por las secuelas del accidente en el “Infierno Verde”, no podía parpadear adecuadamente para disipar la humedad que se agolpaba en lo que quedaba de sus párpados. Dio una vuelta y se retiró en la segunda tras comprobar que no podía ver. Paró y no aceptó las excusas que el equipo quería dar, dijo: “Esto es todo Lauda” y se fue consciente de que el campeonato podía estar perdido y que no había tenido lo suficiente para retenerlo, pero sabía que iba a mejorar y viviría para pelearlo en 1977 en vez de arriesgar con todo en contra ese día lluvioso. Perdió en Japón, aunque recuperó la corona un año después y se fue de Ferrari en sus propios términos.

ESTADÍSTICAS

Lauda no es tan impresionante como otros…

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