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QUIERO SER GRANDE

Sí, otra historia de camionetas, o SUVs. Está tan fuera de control este fenómeno mundial que hasta Jaguar salió con la suya. Nadie escapa a esta moda, aunque ya no deberíamos llamarle así porque ya no son la novedad, más bien son la regla. Las armadoras piensan que no tener al menos una SUV en su línea las deja fuera de la jugada y, en una de ésas, condenadas a la desaparición lenta y dolorosa por su ausencia.
¿Les queda duda? Recordemos a Porsche, por ejemplo, que fue salvada por la Cayenne; su modelo más criticado y rechazado cuando nació hace casi 15 años, y que hoy por hoy es el Porsche más vendido de la gama y el que ha reunido los capitales necesarios para desarrollar, entre otras cosas, al mejor 911 de la historia, la Macan y más. De este tamaño es el “circo SUV”.
El auto estelar de esta edición de FASTdrive es la novísima Jaguar F-Pace, una SUV cuasimediana que se ostenta como la primera camioneta en la historia de la marca del felino. Aunque no nos hagamos los sorprendidos porque, si bien no existía una SUV con ese apellido, las camionetas han estado por décadas en la familia bajo el nombre Land Rover. Tampoco descubrieron el hilo negro. El resultado es muy agradable a la vista. La F-Pace, mejor dicho, presume una figura muy agresiva y proporciones que, a diferencia de una Audi Q5 o una Mercedes GLC, provocan que muchos volteen la cabeza, como con la Macan o la BMW X4, por ejemplo; todos ellos rivales de la representante británica. Como siempre decimos, no podemos calificar el diseño, pero, al menos en apariencia, la SUV de Jaguar es de las camionetas más espectaculares del mercado.

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Ya sabemos todos que el impulso para hacer la F-Pace proviene de magnates indios, específicamente de los dueños de Tata Motors, mismos propietarios de JLR desde hace algunos años. Lo bueno del caso es que se han “limitado” a inyectar los recursos y no han metido tanto las manos, lo que quiere decir que diseño y tecnologías siguen siendo responsabilidad de los ingenieros de Solihull. God Save the Queen!
La F-Pace está construida sobre los mismos cimientos que el mediano XE, lo que, en teoría, debería significar que la camioneta observe mucho del comportamiento del modelo del que proviene, pero extrañamente no es así. Y no es que el XE sea un dechado de virtudes dinámicas, pero sí tiene cosas muy rescatables como la respuesta y retroalimentación excelentes de la dirección, la neutralidad del bastidor y la resistencia de los frenos, entre otros; la F-Pace se nota mucho más pesada, blanda y lenta de reacciones. No es que se comporte como una Suburban, pero sí nos deja un sabor de boca más de auto americano que de europeo. Es la camioneta fashion que se antoja para ir a todo lujo, pero no para poner a prueba sus dotes velocistas en una carretera de curvas, mucho menos en un circuito. Su ambiente ideal sería una autopista plana, amplia y de rectas interminables, en donde podamos recuperar velocidad a placer, porque, eso sí, el motor es muy brioso y el escape suena casi aftermarket, ahí muy bien la F-Pace.
El interior es un mundo de contrastes, pues el equipamiento es el esperado para un auto de su tipo. Hay luces de xenón, navegador, techo de cristal panorámico, ajustes eléctricos para todo, pantalla táctil de gran tamaño, cámara de reversa, climatizador multizona, piel de muy buen terminado y unos asientos que parecen haber salido de algún Aston Martin de James Bond.

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Pero ésa es la sensación en términos generales, visto “por encimita”. Tan pronto sacamos la lupa y comenzamos a revisar todas las áreas del interior con detenimiento, descubrimos que se repiten algunos defectos que ya habíamos notado en el XE, como el ajuste irregular de varios paneles, específicamente en donde empatan tablero y puertas delanteras. Además, si bien muchas superficies están recubiertas de piel, hay otras que son de plástico y se aprecia francamente económico, totalmente discordante con un auto que cuesta 77 mil dólares, es decir $1,450,000 pesos (a $18.85 pesos por dólar). En pocas palabras: la calidad del interior está lejos de los referentes del segmento (Porsche, Audi y BMW), extrañamente más cerca de lo visto en Mercedes-Benz y quizá incluso por debajo de Infiniti.

En resumen: Es un producto que destaca por apariencia es espectacular desde cualquier ángulo y el sonido del escape es delicioso, gracias a un V6 de 3.0 litros de 340 caballos que empuja bien y que, mediante el uso de supercargador, no tiene el más mínimo retraso en la entrega de potencia, como ocurre con los turbos. Ahí no hay queja, pero sí tenemos en cuenta que el interior está por debajo de la media, el desempeño es más como de marca generalista y el precio está muy por encima de cualquiera de sus rivales, la F-Pace parece un objeto de lujo que te compras porque tienes el dinero para hacerlo, pero no porque sea la mejor de su clase. Es un buen primer intento de Jaguar, ojalá que, cuando llegue una segunda generación, ahora sí ponga a temblar a sus rivales germanos.
Victor Ortíz

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En manos expertas

Por Luis Michael Dorrbecker, piloto de Escudería Telmex, Auto GP Formula Open

A primera vista es una camioneta espectacular. Tiene un diseño muy atractivo y, como pocas del segmento, parece que intenta transmitir una imagen de mucha fuerza y del prestigio legendario de Jaguar. Está muy bien equipada y el motor suena muy bien, pero yo creía que, por su precio, estaría a la altura de las más contundentes del segmento: Porsche, BMW y Audi. No es así. Es un coche para “apantallar” que, a la hora de la verdad, queda a deber en caja, suspensión, dirección y demás. No me gustó el hecho de que la caja hace los cambios a su gusto, aun cuando vayamos en modo manual. También me parece que los acabados no son los de un auto de casi 1.5 millones de pesos; en es ese sentido cualquiera de las alemanas premium son una alternativa mejor. Es un “objeto caro” que quien lo compre lo hace porque lo puede hacer, como para demostrar su poder adquisitivo. Lo mejor es el sonido del motor y los escapes.