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FOTO: Red Bull Content Pool
FOTO: Red Bull Content Pool

La emoción en Daniel Ricciardo, al momento de ocupar el escalón más alto del pódium en Shanghai, era más que evidente.

Mientras la popular celebración del “Shoey” hacía su reaparición y los aficionados reconocieron la táctica que lo llevó a ganar el Gran Premio de China, el australiano era el más conmovido en la ceremonia del podium. Después de todo no podía creer que, gracias a un golpe maestro en la estrategia, se había quedado con la victoria, borrando un complicado inicio de temporada, con las frustraciones que han caracterizado una parte de su etapa en Red Bull Racing.

“A veces me pregunto por qué elegí este deporte, porque hay tantas otras cosas fuera de tu control y te pueden desanimar mucho”, compartió después del Gran Premio. “Pero después, cuando tienes un día como este, vale 50 de los malos”.

Y es que, además del sinsabor de abandonar en la segunda vuelta en Bahrein, la escena en la estación de Ricciardo era de tensión apenas 24 horas antes de que se apagaran las luces del semáforo, ya que un nuevo problema con la unidad de potencia (el turbo, en esta ocasión) obligó a que los mecánicos trabajaran sin parar para cambiar de propulsor, una misión que terminaron en plena clasificación.

Esto, además del hecho de haber vencido a Mercedes y Ferrari en la estrategia con la decisión instantánea de cambiar neumáticos durante el periodo de Safety Car, generaron su eterno agradecimiento a su grupo de trabajo, en un momento en el que permanece latente la incertidumbre sobre su futuro, al no haber renovado aún su relación con la casa de Milton Keynes después de este año.

“En la vuelta de ingreso (a pits) estaba sonriendo y no tenía muchas palabras, después en el pódium estaba casi con lágrimas y en la conferencia de prensa solo pensaba en toda la carrera y en la semana pasada, en lo decepcionante que este deporte te puede hacer sentir, pero también qué tan alto te hace sentir”, afirmó.

Las seis victorias que Ricciardo ha conseguido en Fórmula 1 han ocurrido en circunstancias muy especiales: las tres de 2015 llegaron después de que Lewis Hamilton y Nico Rosberg tuvieran problemas (mecánicos o de su rivalidad), mientras que en Malasia 2016 heredó la primera posición tras la rotura de motor del tetracampeón mundial.

El año pasado, se quedó con la bandera a cuadros en Bakú fue el beneficiado ante el recordado incidente entre el británico y Sebastian Vettel.