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Exteriormente se distingue por una serie de elementos hechos de fibra de carbono: el labio de la fascia delantera, las tomas de aire del cofre, los faldones laterales, el difusor y el alerón trasero. Según Aston Martin, estos elementos reducen el coeficiente de elevación (Cz) de la carrocería

El Aston Martin Rapide tiene ya algunos años rodando, ocho para ser exactos, pues fue en 2010 cuando llegó al mercado. Desde entonces ha recibido un par de actualizaciones y en 2015 se lanzó la versión Rapide S, sobre el que está basado el AMR, que prueba que un diseño perfecto y exquisito puede resistir el paso de los años sin que le salgan arrugas.

La marca de Gaydon lanzó esta edición del supersedán limitada a 210 unidades, más poderoso y con un aspecto más deportivo, bautizado como Rapide AMR. Es muy relevante porque con este modelo Aston Martin conmemora su regreso oficial a las carreras, en las 24 Horas de Le Mans. Exteriormente se distingue por una serie de elementos hechos de fibra de carbono: el labio de la fascia delantera, las tomas de aire del cofre (que son más grandes), los faldones laterales, el difusor y el alerón trasero. Según Aston Martin, estos elementos reducen el coeficiente de elevación (Cz) de la carrocería. Las medidas del AMR son exactamente las mismas que las del Rapide S, lo que quiere decir que tiene 5.02 m de longitud, 1.93 m de ancho y 1.36 m de alto.

El motor también es el mismo del Rapide S, pero con mejoras que consisten en tomas nuevas de admisión, rediseñadas y más grandes, y una reprogramación de la ECU. Se trata de un V12 que entrega 600 caballos (40 más) y el mismo torque (464 libras/pie). Usa discos de freno carbonocerámicos de 400 mm de diámetro adelante y 360 mm atrás, con mejor ventilación; los rines son de aluminio forjado de 21 pulgadas de diámetro y las llantas son Michelin Super Sport. La suspensión ha sido recalibrada para darle mayor agilidad y precisión, además de rebajar la altura de la carrocería 10 mm.

La transmisión del AMR también fue revisada y se llama Touchtronic III, ésta ha sido desarrollada por ZF y tiene ocho velocidades, a diferencia del primer Rapide que era de seis marchas. Aún con la mayor complejidad mecánica esta caja es 3% más ligera que antes y también más rápida, pues hace los cambios en apenas 130 milésimas. Tiene cuatro modos de conducción: Drive, Drive Sport, Paddle Shift y Paddle Shift Sport (los dos últimos implican el uso de las paletas detrás del volante). La transmisión está colocada en la parte trasera del coche y la tracción es, evidentemente, a las ruedas posteriores.

La computadora que gestiona el motor y su interacción con la caja fue actualizada, mientras que el controlador que se encarga de regular la asistencia eléctrica de la dirección cambió para dar una mayor sensación de precisión; hay tres vueltas de volante de tope a tope. Todos estos cambios decantaron en una mejora de las prestaciones y el consumo. Así, el AMR acelera de 0 a 100 kph en 4.4 segundos y alcanza una velocidad máxima de 327 kph. Por su parte, el consumo promedio queda en 7.75 kpl con un tanque de 90.5 litros de capacidad. El Rapide AMR acelera más rápido que un Mercedes-AMG CLS 53 Coupé y un Maserati Quattroporte GTS GranSport, pero es más lento que un Porsche Panamera Turbo. Entre todos ellos es el de velocidad máxima más elevada, pero también el de consumo mayor.

En cuanto al interior, ofrece un equipamiento completo que quizá era sobresaliente hace ocho años, pero hoy es superado por cualquier auto mediano de lujo; culpa de la edad del Rapide. Tiene faros de xenón (no hay LEDs), sensores de presión en las llantas, conexión Bluetooth, sistema de navegación por GPS, tapicería de piel, asientos eléctricos con calefacción y un sistema de sonido marca Bang & Olufsen con amplificador de 1,000 watts. No hay asistencias activas a la conducción, instrumentos digitales virtuales, ni pantallas táctiles enormes con sistemas de infotenimiento. Ni hablar, es un objeto de colección que vale por el diseño, la marca, el motor y, desde luego, el recuerdo perenne de la carrera más legendaria de todos los tiempos: Le Mans.

VÍCTOR ORTIZ