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Ferrari J50 CASI UNA ESCULTURA

Ferrari-J50

La marca de Módena vuelve a alegrar la vida de sus más fervientes tifosi con la presentación del cavallino más joven, bautizado J50. Este Ferrari no es de producción, es literalmente una pieza de colección hecha a mano para celebrar los 50 años de la llegada de la marca a Japón (de ahí el nombre). El J50 es un biplaza roadster, pues se puede remover manualmente el techo –compuesto por dos piezas de fibra de carbono– y almacenarlo tras los respaldos de los asientos. Mecánicamente está basado en el 488 Spider, aunque estéticamente no comparte absolutamente nada con éste, p.e. el 488 tiene un techo de aluminio con un mecanismo automatizado para quitarlo o ponerlo.
Así las cosas: el J50 monta en posición central trasera el motor más nuevo de la marca italiana, que comparte con el 488. Se trata de un V8 de 3.9 litros, que gracias al trabajo de dos turbocompresores entrega una potencia de 690 caballos, 20 más que el modelo del que deriva (Ferrari no da detalles sobre cómo ha conseguido la potencia adicional; probablemente reconfiguraron la computadora y mejoraron en los sistemas de admisión y escape). Con esos números, el biplaza puede acelerar de 0 a 100 kph en menos de tres segundos y logra una velocidad máxima en torno a los 330 kph. Se acopla a una transmisión de embrague doble y siete velocidades. El motor puede apreciarse en toda su magnificencia a través de una cubierta de policarbonato.

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El V8 biturbo es tan especial como el auto mismo, pues fue galardonado en 2016 con el premio “International Engine of the Year”. En esta competencia –organizada desde 1999 por el conglomerado de publicaciones especializadas, UKIP Media & Events– también se hizo acreedor de los premios “Best New Engine” y “Best Performance Engine” (Mejor Motor Nuevo y Mejor Motor de Alto Desempeño, respectivamente).
Exteriormente llaman la atención muchos elementos, como la escasa zona acristalada que pareciera brindar una sensación de déjà vu con las barchettas de competencia de Ferrari de la década de 1950. Por su parte, la línea divisoria negra es una interpretación novedosa de un sello estilístico que la marca ha utilizado en el pasado, en modelos tan emblemáticos como el GTO, F40 y F50. Al frente destaca el cofre, que tiene menor altura en el centro y se eleva hacia los costados por encima de las salpicaderas; un detalle recurrente que acentúa la musculatura en los Ferrari de motor central. Dos entradas de aire de fibra de carbono en el cofre crean una masa delantera aún más diminuta y aguda, enmarcada por los faros LED, que proyectan un perfil único y muy dinámico.

160710-car-Ferrari_J50_3_4_fr2El J50 mejora aerodinámicamente con una serie de soluciones funcionales importantes. En primer lugar, los radiadores se han colocado más cerca y la fascia delantera ha sido rediseñada completamente. El marco del parabrisas tiene menor altura para permitir mayor flujo de aire sobre el alerón trasero, o sea, más carga aerodinámica y mayor tracción. En la parte intermedia destacan los arcos enormes que, además de brindar protección a la cabeza de los ocupantes en caso de volcadura, guían el aire hacia el alerón posterior. Este detalle está claramente inspirado en los prototipos de carrera que Ferrari desarrolló en la década de 1960.
La trasera es quizá la parte más elegante y atractiva del biplaza, encabezada por las calaveras cuádruples, el alerón posterior en color negro, integrado visualmente a la cubierta del motor, los escapes enormes y los difusores inspirados –según Ferrari– en los postquemadores de los motores de un caza de combate. Tiene rines de 20 pulgadas de aluminio forjado que la marca desarrolló específicamente para este modelo. Por último, el interior es prácticamente el mismo que lleva el 488, con algunos cambios decorativos, pues en cuanto a mandos y funciones no hay diferencia. Un ejemplar de colección, un clásico instantáneo que sólo disfrutarán 10 personas en el mundo, de hecho únicamente en Japón.

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